El proceso creativo y las “referencias” por Pablo Stipicic

Las tendencias se suceden con una velocidad impresionante, lo que en muchos casos genera una ansiedad por poder crear según los códigos de la tendencia de turno. Además, cuando hacemos música, es muy habitual que existan las clásicas “referencias”. Canciones o discos que orientan la búsqueda estética, sonora, etc. La suma de estos dos factores, muchas veces nos lleva tristemente a hacer meras imitaciones inferiores y a diluir nuestra identidad propia.

Muchos productores abordan la producción de esta forma, buscando siempre algo con qué comparar, como si es que fuera imposible hacer música sin estar amparado por alguien que ya lo hizo antes. Están ultra atentos a las tendencias del mainstream para poder reproducir esa estética en su música, antes de que esos códigos se vuelvan pasados de moda. Sienten que de esa forma, van a poder ser modernos y estar sintonizados a lo que está pasando, logrando así el éxito.

Es importante tener en cuenta, que todos esos artistas que tanto queremos imitar porque están dictando las tendencias, llegaron a eso justamente por hacer algo distinto a lo que venía pasando. Hicieron un cambio, fueron osados, incorrectos y fieles a su propia visión estética, independiente de lo que está pasando allá afuera. Por eso se vuelven interesantes y generan un deseo en los demás, de sonar como ellos.

Yo tengo la convicción de que no es necesario estar hiper atento a las tendencias musicales para poder hacer música que conecte con las personas. Creo que si el artista está conectado consigo mismo y con lo que le gusta, y es capaz de hacer música auténtica que refleje algo verdadero, siempre va a haber alguien interesado en escuchar lo que tenga que decir, y siempre va a tener frescura. Eso no está sujeto al tiempo.

Hay muchos artistas que han hablado de esto. Un buen ejemplo es Kevin Parker de Tame Impala. Era difícil imaginar que en el mundo del electro pop, el rock psicodélico de los primeros discos de Tame Impala iba a generar una oleada mundial de aspirantes a lograr esa estética. El mismo Parker ha dicho muchas veces que nunca pensó en lo que estaba haciendo como algo en función de lo que “está sonando”. Ha dicho que simplemente hizo la música que le gustaba y que por eso lo sabía hacer bien. Ese es el punto, nadie puede ser mejor que uno mismo, en ser uno mismo. Ahí es donde nos volvemos mas interesantes y mas magnéticos.

No quiero decir con todo esto que esté mal usar referencias. De hecho, gran parte del proceso creativo y de la música tiene que ver con tomar cosas de otros lados. Es válido escuchar para ver cómo se logró cierta sonoridad, o cómo se generó algo a través de la armonía. Incluso compositores muy auténticos eran conocidos por ser “ladrones” de ideas. En una de las tantas biografías de David Bowie, cuentan sus cercanos que tomaba melodías exactas de otras canciones, cambiaba justo lo necesario para que no se notara que estaba “robando”, ponía otra letra, y le imprimía su estética propia durante el proceso, donde lograba apropiarse auténticamente de su música. Finalmente la música es cultura, y la cultura no existe aislada. Tampoco nosotros estamos haciendo música aislados de la cultura. Siempre hay un punto de partida ajeno.

Pero quizás si tomamos una melodía de alguna parte (consciente o inconscientemente), y empezamos a jugar libremente con esa idea, quizás la situamos en una estética de otro lado (o de otra década), o decimos algo muy propio en la letra, o metemos un elemento que no tiene nada que ver con la referencia inicial o con ningún género en particular. Quizás al hacer todo eso y tomar todas esas decisiones en libertad y sin prejuicios, logramos “aparecer” nosotros.

Eso es muy distinto a reproducir a cabalidad un estilo. Es distinto que la guía sea tu propia necesidad de escuchar algo de una forma, a que la guía sea una música que está allá afuera y que sirve como una rígida visión de lo que “hay que hacer”.

El proceso creativo fluye muchísimo mejor cuando no se está tratando de lograr que algo sea como otra cosa. ¿Qué importa si una canción es sólo un bajo y una voz? o ¿si no tiene bajo? o ¿si no hay nada doblado? o ¿si en una canción de un género determinado, no se cumplen las reglas que hacen que ese género sea ese género?. Incluso es válida la pregunta: ¿Qué importa si algo no suena bien?

Claramente la meta del sonido no es sonar bien por sonar bien. Es sonar de determinada manera, para expresar determinada sensación. Es como si existieran reglas, formas “correctas” de hacer las cosas. Y es cosa de escuchar lo incorrectos que son los artistas que cambian paradigmas una vez que irrumpen. Lo extrañas que pueden ser las decisiones de mezcla, o las sonoridades de los instrumentos.

En mi intento diario por producir música de la mejor forma posible, hago un esfuerzo por enfocar el trabajo de esta manera (ni se si lo logro pero ¡lo intento!) Y por lo tanto, es fundamental para mi trabajar con artistas que sepan quiénes son y qué es lo que tienen que decir. Tengo recuerdos muy aburridos y frustrantes de trabajar con productores y/o bandas y solistas que consultaban las “reglas” del estilo de manera intransigente. Que “no es el tipo de caja que tiene que tener”, o “eso no está perfectamente afinado”, etc. Con ese método, siento que el trabajo se vuelve muy fome.

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1 comentario

  1. Miguel Caroca Reply
    septiembre 22, 2018 at 12:04 am

    Totalmente de acuerdo , siempre se debe de dar rienda suelta a la imaginación para lograr qué aparezca la creación propia

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