«Monitorear como un músico más» por Carlos Reyes Calvert

Me pareció interesante compartir mi punto de vista a la hora de hacer monitores entremedio de todo lo técnico que esto implica. Me refiero con lo técnico a los micrófonos, los cables, la consola, conversiones AD/DA, más cables, sistemas inalámbricos, audífonos, parlantes, etc.

A lo largo de mi “carrera”, me he dado cuenta que muchas veces se pasa por alto el delicado hecho de que la persona a la que estás monitoreando es un músico/a que tiene una sensibilidad especial con su instrumento, el cual lo ha estudiado quien sabe cuanto tiempo – generalmente son años para llegar a ser un músico profesional – y que la mayoría de su tiempo de estudio y descubrimiento de su instrumento ha sido en un entorno mas bien solitario, con un amplificador y sin ningún ente extra entre él/ella y su instrumento.

Por ejemplo pienso en un/a violinista. El violín como todo instrumento acústico tiene un cuerpo que resuena con la vibración de las cuerdas, logrando así proyectar su sonido y ser escuchado por el ejecutante y el espectador. El/la violinista durante todo su estudio del instrumento se acostumbra a su vibración, a su resonancia y a su sonido logrando una conexión única que nadie ni nada va a lograr entenderlo al 100%. Sólo el músico.

Imagínense que ahora, después de que el músico pasó años estudiando su instrumento se enfrenta a la situación de tocar en vivo frente a miles de personas. Es ahí donde entra en juego un personaje llamado sonidista. Nosotros.

¿Cuál es su trabajo? “Básicamente” hacer que el músico escuche su instrumento. ¿Simple o no? No, para mí no es tan simple.

Entonces la cadena empieza desde el instrumento, luego viene el transductor (micrófono), luego un cable, luego la consola, luego otro cable para llegar a un sistema de IEM, que transmite el audio a través de una frecuencia modulada para luego transformarla en señal de audio, a la cual se le conecta un audífono in-ear que va casi directo al tímpano.

La cadena pasa de ser una escucha de su instrumento por reflexiones naturales dentro de una pieza a algo muy complejo y lleno de aparatos, que para la guinda de la torta, nosotros los sonidistas estamos entremedio.

Mi manera de hacerlo es intentando lograr la naturalidad en la mezcla. Intentar que el músico no escuche el micrófono, si no que escuche su instrumento, cualquiera este sea. Todos los micrófonos tienen una respuesta de frecuencia distinta e incluso dependiendo de la fuente, el efecto proximidad es algo muy difícil de controlar, al igual que la contaminación cruzada entremedio de un set. Me pasó hace poco que una percusionista me decía bájame y bájame los overs porque el platillo sonaba muy fuerte. Era el SM 57 que estaba instalado en la conga.

Está en nuestras manos que los micrófonos reaccionen de una manera natural y que la mezcla sea lo más natural posible, que respire, que tenga dinámica. Ahí es donde la manera de utilizar todas las herramientas que tenemos a mano entra en juego. La manera en que usamos los ecualizadores, los compresores, los gates, para mí, es totalmente distinto y alejado a una mezcla de sala o una mezcla discográfica.

Si se sobre-comprime una caja o un bombo, o incluso algo mas delicado como la voz del cantante principal, lo único que se va a lograr es que suene fabuloso, pero poco natural, entonces el cantante a la tercera canción del repertorio se cansará más de lo que debería, ya que no va a tener la respuesta como él o ella estudió y se acostumbró en su pieza solo/la mientras preparaba su show.

Finalmente invito a cerrar los ojos e imaginarse estar tocando el instrumento con la misma pasión que lo esta haciendo el músico, e intentar sentir la situación, contexto y momento.

Deja un comentario

Deja un comentario