«La batería y el baterista en un show en vivo» por Marcelo Segovia

¿Han escuchado el dicho o la frase ”todo entra por la vista”?

Amigos, no me considero un buen baterista. No tengo una gran técnica ni mayores estudios comparado con muchos colegas y músicos espectaculares que tenemos en nuestro medio, pero soy productor de eventos y agente de booking hace más de 15 años y esto me ha llevado, por decirlo de alguna forma, a afinar el ojo en lo que significa un espectáculo, y por supuesto, a mi desarrollo y desempeño en mi instrumento favorito, la batería.

Mi especialidad es el Rock, Pop y la onda disco. Tengo la suerte de tener buenas baterías y platillos, entre ellas; DW Collector, Design acrílica, Ufip y Paiste 2002, entre otros.
Quiero hablarles desde mi perspectiva, que probablemente es la de muchas personas que se están iniciando en esto de la música y este lindo instrumento, con un punto de vista más simple e introductorio, o como muchos llaman, “amateur”. Entremos en tierra derecha:

La batería es parte del show

Cuando uno se sube a un escenario y se para ante un público, tiene que ser con respeto y entrega, por grande o chico que sea el escenario o el tipo de show. Parte importante de cada show es tu herramienta. Así como nos preocupamos de cómo vestimos en una ocasión especial, también tenemos que preocuparnos de nuestro instrumento. Independiente a lo costoso que sea, es importante tenerlo en su mejor estado, limpieza y preocuparnos de cómo lo aprecia el público. Así de básico. Si uno quiere salir con una chica o chico en su auto, te bañas, te colocas tu mejor ropa, limpias tu auto y lo dejas presentable para la cita. Estamos claros que no afectará en el sonido del show ni de la banda, pero si es un aporte estético a tu espectáculo.

Como baterista de Brain Damage (tributo a Pink Floyd) podría pararme en un escenario con un bombo de 18”, 20” o 22”, con un solo tom de 12”, un timbal de 16”, un ride, un hit-hat y un crash, y listo. Con eso basta y sobra para hacer la pega, y sonaría bien, pero como espectáculo no sería muy atractivo. Es diferente pararse con un bombo 22”, tres toms de 8”,10” y 12”, dos timbales de 14” y 16”, roto-toms, y un set completo de platillos. Automáticamente esto genera expectación y admiración por la gente y público en general que va a ver un espectáculo.

Estamos claros que muchas veces la parte monetaria afecta al momento de poder contar con baterías tan completas, y en mi caso cuando me toca viajar sin mis baterías o tocar con otras bandas, hay que adaptarse y debo ocupar la que esté disponible. Acá es donde entra en juego el baterista:

El baterista también es parte del show

El baterista, más allá de sólo el virtuoso instrumentista, es parte del espectáculo. Su actitud frente a lo que se está ejecutando es muy importante; la postura del cuerpo, lo que uno siente de la música y como lo transmite.

Si estamos tocando Rock, el golpe tiene que ser fuerte, marcado, asertivo y con peso. Las expresiones de la cara brazos y muñecas tienen que ir acorde. No es necesario ser rápido, o muy virtuoso, solo hay que poder comunicarle al espectador el sentimiento de la música.

Los breaks o redobles tienen que ser marcados, en intensidad y fuerza, manejando la sutileza, pausa e intención del golpe, y así diferenciar por ejemplo lo que es una estrofa y un coro, generando más movimiento a la canción.

El baterista es el gran apoyo rítmico de la banda en el que todos confían. Él es el que marca la pausa, quien define la intensidad de cada sección, y es parte importante de la actitud e identidad de cada canción.

Un buen baterista, ese que se lleva las miradas y admiración, no es el que se hace grande solo, es el que es partícipe de un grupo de músicos dando su golpe, entregando una respuesta y solución para cada canción. Ese que disfruta tocando, lo proyecta y lo comparte con la banda.

Cuando el baterista logra esa afinidad y fiato, dominando su instrumento de forma perfecta ya sea una batería chica o con composiciones de golpes sencillos (pero certeros!), es cuando la banda se siente segura y se genera una complicidad entre todos. Cuando esto sucede el público lo nota. Ese es el momento en que nos damos cuenta que estamos haciendo un buen trabajo.

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