Grabación Creativa por Arturo Zegers

Después de varios años trabajando como Productor musical e Ingeniero de estudio, se despertó en mi una inquietud respecto al tibio compromiso que mostraban algunos músicos a la hora de interpretar sus arreglos grabando, quienes estarían tendiendo a poner el foco en cumplir lo que el imaginario del «deber ser» les dicta (sin salirse de la norma de lo que gusta) en lugar de manifestar una emoción, mensaje o algún sentimiento real afín a su propuesta creativa (aunque esta rompa con estándares).

Dado esto me pregunté activamente: ¿cómo ayudar al artista a entregar una performance más interesante, más riesgosa? ¿Cuál es realmente mi rol como Productor?

Generar un ambiente propicio a la experimentación y al juego, receptivo al riesgo y el error.

Fijar límites, presentar desafíos

Creo que una mala costumbre que nos ha generado el trabajo en digital es la de acumular material que no vamos a utilizar nunca, tanto en nuestros teléfonos con miles de fotos y videos que no tienen ninguna utilidad más allá de entretenernos por unos segundos, como en el estudio de grabación donde nuestras sesiones pesan cuatro veces más de lo necesario solo por la acumulación de tomas que terminan en la basura.

Este acumular no nos cae bien, pues cuando nos enfrentamos a la abundancia y comodidad, la creatividad ya sin tensionarse, decae; y ¿para qué vamos a inventar una nueva forma o tratar de ir más lejos si tenemos tanto ya?

A la hora de grabar creo que es vital acorralar al artista para que sienta que lo que está interpretando es urgente e importante y así poder exprimirle sentimientos reales. Para lograr esto -y que el artista lo tome como un desafío estimulante y no como una presión innecesaria y molesta-, he descubierto cuatro enfoques que me están dando resultados interesantes.

El primero y más importante es el trabajo conceptual de desenterrar cuál realmente es el mensaje de la canción o el disco en cuestión. Cuando logras entender la idea que es el núcleo de una obra, puedes hacerte parte de ella y ayudar a que se transmita el mensaje dirigiendo la estética del sonido y la interpretación durante las tomas. Comprendiendo realmente el mensaje de la canción, el artista va a abrirse y te va a permitir desafiarlo a probar cosas con el fin de que este mensaje (que por el momento le es tan propio) se logre traducir de la mejor manera posible al pasar por los parlantes.

El segundo empuje refiere a promover la generación de un contexto propicio al músico y su idea de canción. Para que una toma realmente suene dentro de la canción, quien la ha ideado necesita estar interpretando una especie de personaje que es parte del imaginario conceptual de la obra, y para, como productor, acompañarlo en este proceso, no hay que ahorrar recursos. Esto refiere desde el grabar con el efecto adecuado de plug-in y tomarse el tiempo necesario hasta que el músico sienta que cada nota que ejecuta vuelve a sus fonos exactamente como lo imaginamos durante la pre-producción, hasta llevar a este artista a la punta de la montaña y poner micrófonos a 40 metros para que pueda realmente entrar en personaje y poder dar una buena actuación. Pues como productores en miras de crear una pieza de arte, no podemos imponer nuestra zona de confort a un artista que puede no compartirla.

Una tercera manera (más técnica) tiene que ver con diseñar un sistema de grabación que te presente limitaciones claras. Fijar las reglas antes de empezar a jugar ayuda a que no nos perdamos en la miríada de posibilidades de grabación que están disponibles. Es por esto que me volví fanático de grabar todo a 8 pistas, se transforma todo en un juego, pero un juego serio en el que está siempre presente el desafío de que todo tiene que llegar a la grabadora lo más terminado posible y donde además tienes que decidir qué arreglos o instrumentos se agrupan en la misma pista o en grupos estéreo; dado esto, la banda se ve obligada a prestarle menos atención a Instagram y tiene que concentrarse en sus dedos y en sus otros compañeros para lograr capturar una super toma ya que pueden estar entrando a 2 pistas la batería, teclados y bajo completos ¡sin posibilidad de retocar nada!

Con esto mágicamente se abrió una puerta en que el estudio volvió a ser un lugar donde se va a vivir un ritual en el que la banda siente que logra metas estimulantes y sobrepasa desafíos en conjunto. No es otro ensayo más, donde se puede probar y probar y probar, es un espacio para concretizar y cerrar etapas, así como un equipo de fútbol que luego de entrenar sale, juega y gana el partido.

La cuarta técnica apunta a nutrir al equipo. Si la banda siente que llega un poco más lejos con tu ayuda y que son capaces de funcionar bien en conjunto contigo, los estás ayudando en un sentido muchísimo más amplio que solo con sus canciones y esto termina repercutiendo en que la música comienza a mejorar simplemente porque el equipo está más sano y vivo.

Al trabajar este último elemento es donde entendí que mi rol como Productor comprende una asesoría musical, pero no puede dejar de lado el componente humano, no puede olvidar que estamos trabajado con creadores y su obra, con bandas y sus dinámicas. Es por eso que ser Productor trata de estimular a un equipo (sacando a veces gente del camino que pueda estar entorpeciendo el trabajo y/o conectando a la banda con otras personas que puedan hacer que el equipo crezca en otras aristas fuera del estudio), de crear ambientes que sean apropiados para el desarrollo de cada artista, y de ser capaz de entender que la performance de la banda que se captura en el estudio es el resultado de todo este crecimiento que se trabaja en conjunto.

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