¿El instrumento o el Instrumentista? en busca del sonido personal por Pedro Barahona

Sucede muchas veces (en especial a nosotros los bateristas) que al ser invitados a tocar/grabar a algún lugar se nos dice “No traigas nada. Acá hay de todo”. Y eso, lejos de tranquilizarnos, puede ser una preocupación. Si no va a estar “mi instrumento”, “mis accesorios”, “mis marcas”, es inevitable no preguntarme…

Al decidir usar ciertas marcas por sobre otras, un(a) instrumentista está buscando un cierto sonido característico y que lo(la) identifica. Sin embargo, no siempre es posible acceder a lo que se quiere o se está acostumbrado(a).

El año 2008 tuve la oportunidad de, en un espacio de menos de dos semanas, ser el intérprete de dos “monstruos” de la historia de la batería: Simon Phillips y Dennis Chambers. Phillips traía sus platillos y caja; Chambers, nada (ni siquiera baquetas). Estuve con ellos durante el montaje y prueba de sonido. En especial con Simon Phillips pude disfrutar de todo el proceso de afinación y “seteo” de su batería… Bueno, no “su” batería, puesto que estaba frente a un set algo así como tres series más baja que la que él suele usar. Chambers, ni hablar, le llevaron una batería antigua y en condiciones bastante precarias. ¿Y qué tal? Para ambos casos me atrevería a decir que “Phillips sonó a Phillips, Chambers a Chambers”. Eso podría ser lo esperable, a menos que uno pensara que el sonido de un instrumentista es absolutamente dependiente del instrumento, pero no es el caso.

El ”sonido propio” es algo, como su nombre lo indica, “propio”, es decir, perteneciente a cada individuo. No se imita, no se simula, no se altera de acuerdo a factores externos.

Pero ¿en qué consiste este sonido propio? Es una amalgama de elementos que dan como resultado un sonido y ejecución identificable a un individuo. Sus técnicas en particular, los elementos musicales que utiliza (sean rítmicos, melódicos, armónicos), en el caso de la batería, su forma particular de llevar el pulso, su manera individual de balancear los sonidos del kit (recordemos que la “batería” por definición es “un instrumento que es una colección de instrumentos de percusión”). Todos estos elementos -y muchos más- se conjugan en una manera particular de ejecutar una o varias piezas musicales, uno o varios estilos y en situaciones distintas tanto “privadas” (ensayos y/o grabaciones), como “públicas” (conciertos).


No lo creo, obviamente no siempre se puede acceder a los instrumentos que se quisieran (ya sea por presupuesto, disponibilidad, etc) u otras veces las razones para adquirir un instrumento no son necesariamente “musicales” (recuerdo a alguien que una vez me dijo “…es que mi sueño es tener una foto tocando una DW”). En fin, historias aparte, ¿Por qué “X” batería por sobre “Y” o “Z”? ¿Por qué parches “A” en lugar de los populares “B” o “C” etc. Que exista multiplicidad de alternativas puede ser una ventaja, en especial cuando se sabe de antemano qué se está buscando (“Tal batería, de tal característica, con tal parche va a responder a mi ejecución de tal forma…”), pero a la vez una gran cantidad de opciones puede hacer que nos perdamos y, entre tanta alternativa, no sepamos qué elegir. Frente a esto (y a todo lo dicho anteriormente)…

  • Escoger un set acorde al estilo: Si bien se habla de “batería jazzera” o “rockera” (por material de construcción, selección de parches, medidas, etc) el/la jazzero/jazzera es el baterista. No obstante, hay sets más ad-hoc por medidas, elección de parches y platillos, etc que serán más adecuados para un estilo que para otro. Esto como norma general puesto que siempre se puede experimentar (¡Tal vez alguien querrá tocar Black Metal con dos bombos de 18”!)
  • Conocer las diferencias entre maderas, tipos de construcción, hardware usado, etc: No es este el espacio para discutir o presentar dichas diferencias, pero sin duda un casco de diez capas de espesor responde distinto a uno de cinco. El tipo de “bearing edge” que el casco posea determina un cierto tipo de respuesta y sustain. La construcción del casco en términos de su “tejido” (como en DW y sus orientaciones de las capas de madera HVLT, HVX, etc.).
  • Platillos y parches: Ellos también entran en juego y son parte esencial del sonido total del set. Como en el tema de los cascos y medidas del set, es importante tener un conocimiento respecto a las diferentes medidas, grosores, procesos de fabricación, etc. y cómo afectan al sonido producido.
  • Las baquetas que se escogen también tienen mucho que decir: Son la interfaz entre el ejecutante y el instrumento. Existen diversos materiales, medidas, formas (en especial de las puntas) siendo todos estos factores en el momento de pensar en el sonido producido. “Diferentes herramientas para diferentes trabajos” dirá Dom Famularo, dejando en claro que, bajo su óptica, no cualquier baqueta sirve para cualquier situación musical.
  • Finalmente (quisiera no decir esto, pero se me va a salir), ¡¡EL/LA EJECUTANTE!!: Podemos tener “el kit soñado”, la batería ideal para tal o cual estilo, la réplica de la batería de mi baterista favorito…. Y seguir sonando mal. Ninguna batería, por sí sola, sonará bien a menos que buenas manos y pies la estén tocando (Tengo una teoría: si tocas mal, ¡en un instrumento de alta calidad suenas PEOR!)

Cuando pienso en dos de los bateristas que más admiro, en especial por su sonido (John Bonham y Jeff Porcaro) lo que escucho no es sólo su instrumento sino a ellos mismos, su corazón, su personalidad. Nunca podría sonar como ellos, aunque me pasaran exactamente los mismos sets que ellos usaban. Dicho esto, mi conclusión es que la suma del instrumento y el instrumentista dan como resultado el sonido personal.

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1 comentario

  1. Luis Lagos Farias Reply
    noviembre 13, 2018 at 5:56 pm

    Excelente columna sobre un tema que es muy relevante y más diría que es de suma importancia para todo músico, se agradece Don Pedro, Saludos!

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